¡Vive la Republique!

Recuerdo aún aquella llamada de Sara estando en el despacho de Jacques, me sorprendió tanto que casi no supe que decirle. Además, ella hablaba muy rápido. Estaba muy alterada, no recordaba que se hubiera puesto tan nerviosa nunca. Y sin embargo no me extrañaba, la situación se complicaba a cada paso y cada vez más me daba la sensación que todo aquello tal vez fuese demasiado grande para nosotros. Pero para bien o para mal, estábamos implicados y teníamos que intentar salir lo mejor posible.

Me dio indicaciones precisas para que me reuniera con ella. A pesar  de su voz nerviosa, parecía tener muy claro lo que había que hacer. Incluso contaba con que Enol estuviese conmigo, seguramente formaba parte de su plan desde el principio cuando me mandó ir al convento a por el libro. Ahora tenía claro que ese libro sólo había servido como excusa.

- Un momento, Sara – necesitaba apuntarlo – Jacques, déjame algo para escribir.

Anoté algunos datos que me dió mi hermana. Seguía su voz tan rápido como podía, así que eran más garabatos que letras. Pero esperaba poder recordarlo durante unos minutos para aclararlo después. Unas cuantas direcciones y horarios que nos servirían de referencia a los dos para poder reunirnos con ella. Tan pronto como terminó de darme esos datos, colgó sin mucho más que un breve “adiós”. Me quedé tan perplejo como Jacques y Enol que me miraban esperando una explicación, pero durante unos segundos simplemente miraba el teléfono como pensando si realmente acababa de hablar con Sara.

- Jacques, – por fin reaccioné y volví en mi – enséñame ese túnel subterráneo

Me miró con cara de entender de repente. Se giró para abrir uno de los cajones de su mesa y de él sacó unas llaves y unos papeles. Enol le miraba y me miraba a mí, sin terminar de comprender muy bien de que iba todo aquello.

- Bueno, – acertó al final a decir – ¿no me dirás que te ha dicho?

- No es el momento, Enol – le dije tranquilamente – más tarde hablaremos, habrá tiempo.

- Venid conmigo – Jacques se había puesto en pie y nos esperaba.

Nos levantamos y le seguimos hasta unas escaleras al fondo de la galería. Aquello era realmente enorme, yo pensaba que la conocía, pero era evidente que había salas nuevas restauradas a partir de antiguos sótanos. Empezamos a bajar y llegamos hasta lo que parecía un taller de restauración. Mesas de trabajo ocupadas por cientos de papeles algunas y por cuadros en plena reconstrucción en otras, estanterías llenas de botes con líquidos de todas clases y todo tipo de utensilios y herramientas diversas. El olor de la sala era desagradable, entre acre y pestilente, aunque seguramente imperceptible para los que allí trabajasen. Esta sala no se había restaurado, mantenía las paredes de piedra vieja en las que abundaban las marcas de humedad y musgo entre las juntas. Jacques había encendido la luz al entrar, pero a pesar de los potentes fluorescentes aquella sala era inquietante. No me imagino trabajar encerrado ahí abajo, debía gustarles mucho su trabajo a quienes bajasen voluntariamente hasta allí.

Cruzamos la sala entera, y mientras lo hacíamos pude ver la cara de Enol. Parecía que le gustaba tan poco como a mí. Hubo un momento que nos miramos y, sin decir ni palabra, los dos nos entendimos. Al final, llegamos al fondo de la sala.

- Ayudadme a mover esto – se había apoyado contra una gran caja de madera que reposaba contra la pared.

Enol y yo nos colocamos enseguida a su lado y empujamos. La caja pesaba muchísimo, pero entre los tres la movimos con un gran estruendo que era imposible que nadie oyese desde el exterior. Tras la caja había una vieja puerta metálica, de apariencia sólida a pesar del óxido que acumulaba. Con las llaves que había traído de su mesa, y un fuerte empujón para que terminara de ceder, la abrió.

- Es de la segunda guerra mundial, lo usaba la resistencia francesa para esconder a los fugitivos – hizo una pausa mientras los tres mirábamos a su interior -. No sé exactamente donde acaba, nunca lo he recorrido hasta el final, hoy será la primera vez – esto último lo dijo con una sonrisa de niño malo que está a punto de cometer una travesura

- No hace falta que vengas con nosotros – ya nos había ayudado mucho y no quería que se metiera en problemas

- ¿De verdad crees que hay algo que puedas decir para que no vaya? – pues la verdad es que sabía que no, yo en su lugar haría lo mismo – Chaval, acércame una linterna que debería haber en ese armario – a  Enol no le gustó nada que se refiriese a él de ese modo, pero la situación no estaba para ponerse fino así que se dirigió al armario que le había señalado y en uno de sus estantes encontró una linterna

- Parece que funciona – la encendió y apagó un par de veces de vuelta hacia nosotros.

- Perfecto – Jacques cogió enseguida la linterna y nos hizo pasar -, allais, allais!! que cierro!!

La puerta chirrió casi más que al abrirse, tal vez el hecho de estar allí metidos sin saber si íbamos a poder salir hizo que me pareciese peor. Con el portazo y el ruido de la llave, la oscuridad fue total hasta que Jacques enfocó al pasillo y se puso delante nuestro a caminar decididamente.

Metros y metros de pasillo, de algún que otro giro, de caminar sobre algo que espero que fuese agua, de un ambiente húmedo y frío, hasta que llegamos a un cruce donde se terminaba nuestro túnel y podíamos ver tres caminos a seguir, igualmente oscuros y nauseabundos, eso sí,  un poco más amplios que por el que veníamos. Enol y yo nos miramos, extrañados. Aquello no era lo que esperaba, suponía que era un túnel directo.

- Y ahora, ¿qué? – cogí a Jacques del brazo para que me hiciera caso, nos había metido allí sin saber donde iba aquello

- Tranquilo – se soltó de un tirón – , suponía que podía pasar algo así – mi cara fue de sorpresa, ¿no había dicho que no lo había recorrido antes? -. Este túnel parece que se cruza con las alcantarillas de París, o al menos con las antiguas alcantarillas que ya no se usan, por suerte tengo estos planos – esos eran los papeles que había recogido junto a la llave en su despacho

Tras un buen rato de revisar los planos cuidadosamente para ver donde coño estábamos metidos, conseguimos dar con nuestra posición. Había una salida a un túnel del nuevo sistema unos metros a la izquierda, sólo teníamos que llegar hasta allí y salir por la tapa más cercana. Quince minutos después vimos que no sería tan fácil como pensábamos: habían tapiado la salida con el nuevo túnel. Pero por suerte hoy en día no hacen las cosas con la misma calidad que hace quinientos años, y había una grieta bastante grande en la pared. Unas cuantas patadas fuertes y conseguimos resquebrajar lo suficiente como para pasar por ella, eso sí, un poco a presión y cayendo de bruces sobre el suelo de aquel sitio asqueroso. Dos calles más y una tapa era todo lo que nos separaba de la luz del sol de París.

- ¿Dónde estamos? – Jacques se protegía los ojos de la luz del sol, muy molesta después de la oscuridad del túnel, mientras miraba alrededor por si reconocía algo. – Ah! Vive la Republique! – dijo señalando un cartel en una esquina: “Avenue de la Republique”

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~ por makj en enero 11, 2011.

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