El rastro del pintor flamenco (I)
Estábamos seguros que los que habían registrado la habitación de Sara, los mismos que habían entrado en mi despacho, estarían esperando en la puerta del hotel por si veían a alguien que les pudiera volver a poner sobre la pista que parecía que habían perdido. Aparentemente, nosotros íbamos un paso por delante, o al menos eso creía yo.
Decidimos salir del hotel por separado para ponerles un poco más complicado el seguirnos, y reunirnos directamente en el museo. Los dos conocíamos la ciudad de otras veces y no sería fácil perderles por las concurridas calles del centro, si es que nos seguían. Salí primero yo y unos minutos después Samuel, tal como habíamos quedado. No me quedaba más remedio que fiarme de mi cliente, aunque era evidente que se guardaba algunas cosas.
A las pocas calles de haber salido, ya me di cuenta que me seguían. Es muy fácil ver a los europeos entre la población local, y más cuando no van de turistas despistados. Pero en cuanto me mezclé con la multitud que abarrota siempre las céntricas calles de la ciudad, le perdí de vista. Estuve esperando un par de minutos en una esquina desde la que veía una de las amplias plazas por las que tenía que cruzar hasta que le volví a ver totalmente perdido, mirando para todas partes. Evidentemente me había perdido de vista, lo que aproveché para salir corriendo por las callejuelas cercanas al museo. En cuanto llegué, entré rápidamente en el interior a esperar a Samuel. Para mi sorpresa, él ya había llegado y estaba sentado tranquilamente en uno de los bancos de piedra de la entrada.
- Estaba a punto de salir a buscarte – el tono condescendiente que usó no me gustó nada
- Vete a la porra!! Además, llegamos tarde a la cita con Orhan
Conocía muy bien el museo, había estado ya otras veces. Por eso me sorprendió que, a pesar de que los vigilantes me saludaron cordialmente, nos pidieran la identificación y nos cachearan a los dos. Me dijeron que habían aumentado el protocolo de seguridad últimamente debido a algunos problemillas que habían tenido.
Después de cruzar por varias salas repletas de cuadros y todo tipo de obras de arte empaquetados y amontonados, llegamos a una sala muy amplia con muchísima luz natural en la que había unas cinco o seis personas trabajando en la restauración de otros tantos cuadros, además de los que tenían repartidos por toda la sala y que parecía que estaban aguardando su turno.
- Victoria, por fin!! – se acercó rápidamente hasta nosotros, llevaba una bata blanca llena de pintura – ya pensaba que no venías
- Perdona, Orhan, pero hemos tenido que hacer un “recorrido turístico” por tu bonita ciudad
- Siempre metida en investigaciones peligrosas, a ver cuando vienes por aquí un día sólo para tomarnos un café
- Ya me gustaría, pero no vives precisamente debajo de mi despacho – a lo que los dos soltamos una risita
- Y además, veo que vienes muy bien acompañada, ¿es poli o debo estar celoso?
- Ni lo uno ni lo otro!! – vi como Samuel se sorprendió mucho con la pregunta, yo que ya conocía a mi amigo, lo tomé como la broma que era – Es el cliente, que se ha empeñado en proteger su inversión personalmente.
- Vamos, que no se fía de ti – y dirigiéndose a Samuel, añadió – Hace bien amigo, de las mujeres es mejor desconfiar siempre un poco – terminó con una risilla cómplice a la que Samuel correspondió
- Espero que no sea el caso, me llamo Samuel Cerneya
- Yo soy el Dr.Karagüllen, pero puede llamarme Orhan – y se quedó pensativo un instante para añadir – Me suena mucho su nombre
- No tenemos mucho tiempo – tuve que interrumpir, si se ponían a hablar de cuadros no terminaríamos nunca – dime lo que puedas de esto – dije mientras sacaba el trozo de madera de mi mochila.
Sus ojos se abrieron como platos en cuanto lo vio, y noté como se ponía muy nervioso. Cogió rápidamente el cacho de madera y lo guardó bajo su bata. Me agarró por el brazo y le hizo gesto a Samuel para que fuésemos a la otra sala, en la que no había nadie. Ninguno de los dos dijimos nada, al menos yo no tenía ni idea de lo que estaba pasando en ese momento.
- ¿De dónde lo has sacado? – preguntó en un tono de voz bajo, como si no quisiera que nadie nos oyera, mientras volvía a sacar el fragmento de marco.
- Pues se lo envió a mi cliente la persona que buscamos, pensé que tal vez tú me pudieras dar alguna información del pintor o del cuadro.
- ¿ Alguna información? – se le veía cada vez más nervioso – ¡Toda!
- No te entiendo – y por la mirada de Samuel, él tampoco
- Es de un cuadro que estaba restaurando el museo, uno de los pocos retratos musulmanes hechos por pintores europeos, tiene un gran valor histórico.
- ¡Fantástico! Entonces lo tenéis aquí, – dije emocionada – ¿podemos verlo?
- ¡Estaba! ¡Literalmente! Desapareció hace unas semanas – y tras un instante de silencio, añadió – Seguramente la persona que os ha enviado esto tiene el cuadro
- Oye, pintamonas!! – me sorprendió mucho la reacción de Samuel – mi hermana no es ninguna ladrona
- Bueno, no he dicho que lo haya robado, sólo que lo tiene o tiene acceso a él, ¡tranquilícese!
A Samuel la respuesta le dejó pensativo, y a mi también. Tal vez el habernos enviado ese trozo del marco era una pista de por donde debíamos buscar o a quién. Pero sin el cuadro o sin una nueva pista que diera sentido a lo que ya teníamos estábamos aparentemente en un callejón sin salida. Orhan debió leerme la mente, porque enseguida añadió.
- Tal vez yo tenga algo que os ayude. – cuando se hizo con nuestra atención, continuó – Como sabéis muchos cuadros ocultan otros debajo, a veces porque el pintor reutiliza un lienzo, a veces porque años después algún rival quiere ocultar todo rastro del anterior gobernante, a veces por motivos más ocultos. En cualquier caso, en este cuadro había una extraña inscripción bajo la figura del sultán.

Oh! También tienes un blog! Prometo volver a pasarme por aquí
Saludos!
caterina dijo esto en agosto 12, 2010 a 6:36 pm