Sedaine, 26 (2)

•Octubre 14, 2009 • Dejar un comentario

exp_DespachoPresidente- Tiene que ver con Sara – empezó diciendo Samuel, – está metida en algún lío por culpa de su actual encargo.

- Si, claro, como tantas veces – respondió resoplando el tal Jacques.

Un tipo realmente curioso que parecía no perder detalle de absolutamente nada de lo que pasara a su alrededor, de hecho pude ver como me controlaba de reojo, supongo que pensando que hacía yo allí, más o menos lo mismo que estaba pensando yo. Me pareció de la misma edad de Samuel, pero su incipiente calvicie le hacia parecer algo mayor, aunque tratase de disimularlo con ese aspecto de bohemio (el pelo algo revuelto, unas gafitas estrechas y una ropa algo estrafalaria).

- Pero es curioso que vengas hoy precisamente a hablarme de ella – esto casi nos hizo saltar de la silla a Samuel y a mi

- ¿Precisamente hoy?

- Si, esta mañana ha venido un tipo diciendo que era un antiguo amigo de ella, de su epoca de estudiante en Oviedo, y que alguien le habia dicho que yo podia tener alguna idea de donde encontrarla

- ¿Que aspecto tenia?

- Pues era joven, alrededor de treinta, algo desaliñado como la mayoría de artistas,

- ¿Y te fijaste si tenía alguna marca en particular?

- Tenía un extraño tatuajeu, escarificación más bien, en el lado izquierdo del cuello, una especie de corazón con dos círculos debajo, ¿te recuerda a alguien? – esto lo dijo con toda la intención porque vió que Samuel lo había reconocido

- Si, me topé con él en Oviedo, es uno de los que van detrás de Sara, no creo que sea amigo suyo en absoluto, espero que no le dijeras nada

- ¡Por quien me tomas! – como ofendido -, le dije que no sabía de quien me hablaba y me deshice de él lo más cortesmente que supe para no levantar ninguna sospecha o que pensara que le estaba mintiendo, de hecho me vino muy bien que en ese momento tenía unos clientes, fue la excusa perfecta.

- Estupendo, pero… – hizo una pequeña pausa y se acercó a la mesa – si que sabes algo, ¿verdad?

- Va camino de Saint Michelle,  - uf! me alegré un montón al oir que Sara estaba bien – vino ayer por la tarde a verme para decirmelo y avisarme que tal vez vendrías poco después a buscarla, incluso me avisó que vendría el otro

- Vaya, parece que lo tiene todo controlado – no pude evitar añadirlo colándome así de repente en la conversación

Se hizo una pausa en que los dos me miraron, como dándose cuenta de repente que yo estaba allí.

- De quien no me habló es de tí – esto me lo dijo directamente a mi, con una mirada inquisidora que mostraba una desconfianza absoluta.

- Bueno, vengo del convento de Valdedios, fuimos nosotros los que encargamos a Sara que nos buscase el espejo hace poco,  - noté como de repente Samuel se interesaba mucho por la historia

- A ver, creo que me tienes que poner al día de eso – así que Samuel de verdad no sabía nada sobre el encargo y sólo buscaba a Sara, eso me tranquilizó

- Ella nos visitaba a menudo para sus investigaciones, decía que nuestra biblioteca es muy buena y de hecho estamos muy orgullosos de ella, la última vez coincidió que el día antes había desaparecido el espejo que custodiamos desde hace siglos. Es una reliquia muy valiosa para la orden que vive en el convento. – ambos me escuchaban con mucho interés, creo que era la primera vez que me pasaba desde que salimos del convento – Hace ya unos años que teníamos constancia de un grupo de gente interesados en el espejo, decían ser sus auténticos propietarios, de hecho alguna vez escribieron cartas a los monjes diciéndolo abiertamente. Yo no estaba aún con ellos, pero he visto esas cartas, y firmaban con un logotipo parecido al tatuaje que habeis comentado.

- De hecho ese tatuaje me recordó a algo – dijo de repente Jacques – así que lo busqué, no es mucho pero tal vez os sirva, parece estar relacionado con una orden religiosa bastante poco dada a darse a conocer llamada los Cáritas Custodium, los custodios del espejo.

- Tiene sentido, – respondí tras un instante de hacer memoria – firmaban la carta como C.C.

- Bueno, pues ahora al menos sabemos quien nos viene detrás, eso nos puede dar alguna ventaja – añadió Samuel.

- Lo extraño es que nosotros creíamos que era Sara la que iba detrás de ellos para recuperar el espejo, pero parece que es al revés,

- Hijo,  - otra vez el tono paternal, ya tardaba! – si los Cáritas esos van detrás de Sara, puedes estar seguro que ellos no lo tienen, es muy posible que Sara ya lo tenga en su poder, es increiblemente eficaz cuando quiere, pero me temo que esta vez le va a venir un poco grande todo esto

- Entonces le vendrá bien nuestra ayuda – repliqué, – ¿cuando salimos hacia Saint Michelle?

Me miraron los dos con cara de asombro, no sé muy bien porqué, y tras varios segundos se miraron entre ellos y se echaron a reir y entonces fui yo el que no entendía nada.

- ¿Qué es tan gracioso?

- Lo tuyo con mi hermana no es sólo por el espejo, ¿verdad?

- Bueno, es una amiga y me preocupa que pueda estar metida en un lio peligroso, ya que en parte sería culpa nuestra porque fuimos los que le encargamos que recuperase el espejo.

- Sí, claro, lo que tú digas – acompañó la frase de un guiño a su amigo el galerista que también tenía una expresión socarrona en la cara.

No pensaba que se me notara tanto, pero si era cierto que sentía algo por ella. Tantas tardes que habíamos pasado juntos en la biblioteca del monasterio, hablando apasionadamente de arte y libros antiguos. Yo disfrutaba escuchándola emocionada al hablar de algunos cuadros o de los objetos que había recuperado en sus trabajos. Lo mejor eran las historias de sus viajes, había estado en medio mundo, y eso para alguien como yo, sin pasado conocido, y viviendo en un pequeño convento asturiano apartado de la sociedad, eran historias alucinantes.

Alguna vez habíamos hecho excursiones por los bosques cercanos al monasterio, paseos que le traian muchos recuerdos de su época de estudiante en Oviedo. Esas meriendas en el bosque son de los pocos recuerdos que tengo fuera de mi convivencia con los monjes entre aquellos muros. Recuerdos positivos, digo, porque de los malos casi cada noche tenía aquellas horribles pesadillas y que le contaba a Sara, ella me escuchaba atentamente sabiendo lo mucho que me ayudaba a mi el contárselo a alguien.

Supongo que es normal que yo sintiera algo por ella, y la verdad es que me sentía correspondido. Y supongo que es normal que se me notara, mi falta de experiencia hacía que fuera transparente. Incluso los monjes me adivinaban siempre las intenciones y los pensamientos, había llegado a acostumbrarme a eso, pero esta vez venía acompañado de unos pequeños sarcasmos a los que no sabía como responder.

- De momento, – la voz de Samuel me sacó de mis pensamientos y me hizo centrarme de nuevo en la realidad – iremos a Saint Michelle, a ver si con suerte encontramos allí a Sara .

- Nosotros en el monasterio teníamos contacto con ellos – por fin podía aportar algo al viaje – , podemos avisar antes de ir hasta allí.

- Me parece una gran idea – ¡vaya! Samuel aprobando mi iniciativa, ¡esto es nuevo! – y mientras, porque no me cuentas más cosas sobre ese espejo – de repente también Jacques se mostró interesado en la conversación – y que tiene que lo haga tan especial para que haya tanta gente detrás suyo.

Temía el momento en que esto llegara, y no sabía muy bien que hacer. ¿Les contaba la verdad o me inventaba alguna historia para proteger el poder del espejo? En cualquier caso, la decisión era únicamente mia como nuevo custodio.

Sedaine, 26

•Octubre 4, 2009 • Dejar un comentario

Calle Sedaine

Calle Sedaine

Me pasé todo el viaje dándole vueltas a la pesadilla que había tenido y a ese nombre que resonaba en mi mente: Alejo. Pese a resultarme familiar también sonaba como algo lejano, no sabría explicarlo pero era como si fuese una parte de mi que hubiese desaparecido en el tiempo.

Samuel no habló mucho durante el vuelo, y en cuanto salimos del aeropuerto encendió uno de esos horribles puros que fumaba a todas horas y de cuyo humo era imposible escapar. Cogimos un coche de alquiler allí mismo para poder movernos por la ciudad. Pero incluso a pesar de llevar las ventanillas abiertas el olor a tabaco lo inundaba todo. Cuando por fin llegamos al barrio de Montmartre (según me dijo Samuel así se llamaba aquella zona de París) donde Sara tenía su apartamento  y aparcamos el coche, fue cuando pude respirar aire fresco y fijarme en los detalles de aquella ciudad. Era un barrio muy particular, todo tenía un estilo como de viejo, como si el tiempo se hubiese detenido en el siglo XIX.

- Este barrio es genial para nuestro trabajo, aquí viven muchos artistas y siempre ha sido una zona como muy bohemia

- ¿Por eso mantienen este aspecto en las casas?

- Supongo que les gusta mantener esta imagen, es parte de su encanto.

La calle de Sara tenía cierto desnivel, y habíamos aparcado en la parte de abajo. Mientras subíamos, tenía la extraña sensación de que alguien nos controlaba. Se lo comenté a Samuel y sólo me contestó apretando el paso. Pero cuando por fín llegamos al piso de Sara y lo encontramos todo revuelto, pudimos confirmar que no debían andar muy lejos los que nos habían seguido en Madrid.

- Dios mio!! – acerté a exclamar cuando ví todo aquello – ¿y Sara?

- No te preocupes – empezaba a molestarme esa frialdad y seguridad en si mismo que tenía en todas las situaciones – Seguro que Sara estará bien, es muy lista.

- Pero… y ahora qué? esperábamos encontrarla aquí para saber que ha pasado con el espejo.

- Tranquilo, iremos a ver si nos ha dejado algún mensaje antes de huir.

No entendí como esperaba encontrar mensaje alguno, pero tras revolver algunas estanterias con libros que estaban tiradas en el suelo y algunos armarios de la cocina sin encontrar nada, simplemente nos fuimos.

- Estate atento de camino, – me dijo mientras bajábamos al portal – es posible que alguien nos esté vigilando, avisame si ves algo.

- ¿No sería mejor separarnos?

- ¿Para qué? tú no conoces el barrio, no sabrías donde ir para despistarles – en eso tuve que reconocer que tenía razón – prefiero tenerte controlado – esto último me sonó algo paternal, pero supongo que era mejor así.

Estuvimos callejeando por el barrio, pasajes medio ocultos, patios y jardines poco visibles hasta que estabas dentro, callejones cubiertos con mercados interiores. Estoy seguro de haber pasado varias veces por algunas calles y pasajes, pero supongo que era para despistar a quien fuera que nos estuviese vigilando. Yo no ví a nadie en ningún momento, pero el ver a Samuel algo más nervioso en algunos momentos me hizo pensar que él si veía algo que a mi se me escapaba. De cualquier manera, poco despistaríamos a nadie mientras él siguiera haciendo esas señales de humo tan claras.

- Estoy harto del olor de esos puros – solté en cierto momento que ya no podía más – ¿porqué no apagas eso, coime?

- Chaval, – dijo mientras esbozaba una sonrisilla sarcástica – eres tú el que se apuntó a esto, así que yo mando, –  me clavó una mirada autoritaria para añadir – y fumaré todo lo que quiera!

- Bueno, está bien, disculpe usted – intenté que sonara algo irónico pero la risotada que soltó me hizo ver que no lo había hecho muy bien.

Tres horas después entramos por la calle Sedaine, al llegar a la altura del número 26 había uno de los tantos patios interiores que había estado viendo en todas aquellas callejuelas. Nos metimos en él y allí ví un local con un cartel de madera muy sencillo al que le faltaban alguna letras y estaba bastante agrietado por viejo. Subimos unas escaleras estrechitas y bastante oscuras, hasta el segundo piso. Nos abrieron la puerta y al entrar quedé impresionado con lo que allí pude ver: un espacio amplio, diáfano, sin puertas entre las habitaciones y con muchísima luz, totalmente renovado y brillante de lo limpio que estaba, muchos cuadros colgados por las paredes y algunas esculturas se podían ver en las habitaciones contiguas.

- El dueño de esta galería es un amigo de confianza de Sara y mio – dijo en voz baja -, hace tiempo que trabajamos conjuntamente para tratar con algunos artistas. Además, también se dedica al mundo de las antigüedades a título personal, es un gran coleccionista y así fue como le conocímos. Tal vez tenga algún mensaje de ella.

- Samuel, cuanto tiempo!! – esta fue la entrada que hizo su amigo, el galerista

- Hola Jacques!! – respondió Samuel al tiempo que le daba un abrazo – si que hace mucho tiempo, y siento que sea en estas circunstancias que me haya acordado de tí, ¿podemos hablar?

- Por supuesto, – hizo un gesto con la mano invitándonos a pasar, se le veía preocupado por lo que había dicho Samuel.

Cruzamos por una infinidad de salas repletas de cuadros, ni se me hubiera ocurrido que aquel sitio escondido en un callejón pudiese ser tan grande. Por fin, nos hizo subir unas escaleras que iban hasta el piso de arriba donde estaba su despacho. Al entrar, se sentó en una lujosa silla tras su escritorio y nos invitó a sentarnos enfrente suyo.

- Tiene que ver con Sara – empezó diciendo Samuel, – …

El expediente 654 (y 2)

•Septiembre 15, 2009 • Dejar un comentario

La noche puede ser muy larga cuando uno no puede dormir. Había conseguido olvidar casi por completo la historia durante todo el día. Me ayudó mucho la recomendación de mi compañero cuando volvimos a entrar en el despacho y nos sentamos cada uno a nuestra mesa:

- Si te obsesionas con esas historias, tendrás problemas. Aquí son más habituales de lo que te imaginas.

- Lo supongo – hice un esfuerzo por resignarme -, tal vez sea porque llevo poco tiempo por aquí pero me sigue pareciendo una historia escalofriante y me gustaría saber más.

- Tu verás lo que haces – dijo con un gesto de hombros -, pero te agradecería que lo olvidaras mientras estés conmigo, no quiero que me metas ideas raras en la cabeza – esto último lo dijo subiendo algo el tono -, yo tengo una familia y no me puedo jugar el puesto.

- De acuerdo, no te volveré a hablar de ello.

Y así lo hice durante todo el día, me ayudó mucho la montaña de trabajo que se nos vino encima pasado el mediodía. Un no parar hasta que llegaron por fin las seis de la tarde y salimos de aquel sitio. En el coche me puse la música más comercial que encontré en la radio para tratar de no pensar, y funcionó. Es increible como llegan a contagiarse hasta el punto de que resulta imposible tener nada más en la cabeza. De hecho, mientras me duchaba seguía tarareando la última que había oido antes de cerrar el coche. La cena delante de las noticias fue el detonante que me devolvió esas ideas a la cabeza: unos vándalos habían organizado una pelea a cuchillazos en uno de los peores barrios de la ciudad, con el resultado de cinco nigerianos muertos y tres sudamericanos heridos, algún policia se llevó también su ración, pero nada de importancia.

Así que cuando por fin me tumbé en la cama, el silencio de la noche y la soledad de la habitación hicieron el resto. En ese momento eché en falta a mi mujer que se había ido a ver a sus padres, su madre no se econtraba bien y la habían llevado al hospital hacía un par de días para hacerle unas pruebas.

Me bailaban en la cabeza todas las cosas terribles que había oído de ese tipo. Me lo imaginaba volviendo a casa de sus padres después del trabajo, donde vivía con su mujer y su hija recién nacida hasta que pudieran permitirse una casa propia. Me lo imaginaba abriendo la puerta de la casa y viendo como en el salón, su mujer follaba con otro tío en su sofá, él tumbado boca arriba y ella encima brincando y sudando, disfrutando de ese tío, que además era uno de sus mejores amigos, mientras él se había estado dejando el pellejo doce horas en la fábrica. Me imaginaba la escena, él de pie petrificado, de repente se le caen las llaves al suelo, el ruido alerta a los cabrones del sofá, ella se gira asustada y el tipo se medio incorpora para ver quién es. Me imaginaba las excusas estúpidas y tópicas de los amantes, de los adúlteros, de los futuros fiambres, mientras a él, parado en el quicio de la puerta, se le iba hinchando la vena del cuello.

Lo que no me podía llegar a imaginar es como se podía tener la sangre fría en ese momento de recoger las llaves, pedir disculpas, cerrar la puerta y dar media vuelta. No me podía ni imaginar que estuvo pensando ese hombre, que le pasó por la cabeza durante las dos horas que dejó pasar antes de volver a la casa cargado con una sierra mecánica para descuartizar a su mujer en el baño.  Y como había tenido después la sangre fría de endosarle el asesinato a su amigo dejándole las bolsas en el patio de su casa para llamar después a la policia.

Definitivamente, no era un tío al que se deba enfadar. El despertador, las siete, hora de volver al curro y ver de nuevo al más impasible de los asesinos que habían pasado por allí.

Brujas, 1421 (III)

•Septiembre 5, 2009 • Dejar un comentario

Me cogió por el hombro para acercarme a la sala donde pude ver a tres personas que nos esperaban, lo que parecía un matrimonio algo mayores que mi tío, y una joven bastante bien parecida que permanecía callada en actitud más que decorosa junto a ellos. Al entrar en la sala el hombre se levantó, su mujer nos miró, pero la joven mantuvo la cabeza ligeramente inclinada sin perder su pose recatada, aunque me pareció ver que nos miraba de reojo tras el abanico que le tapaba media cara.

- Este es Giovanni, mi sobrino – empezó diciendo mi tío en una presentación bastante poco formal, supongo que ya tenía cierta confianza con ellos como para usar esos modos tan familiares, luego dirigiéndose a mi, me dijo – y ellos son el señor y la señora Cenami, han venido desde París expresamente para conocerte.

- No entiendo tío… – musité mientras él continuaba hablando.

- Y ella es Giovanna Cenami.

La niña tímida que se ocultaba en segundo plano levantó entonces un poco la mirada, lo justo para poder apreciar sus pequeños ojos negros que me observaban curiosos y su pálida piel que ahora dejaba ver el abanico que había cerrado.

- Enchantée.- Dije haciendo una breve reverencia.

- No hijo, je,je,je – rió mi tío – los Cenami son Italianos, viven en París pero hablan tan italiano como nosotros. Habrán observado el dominio de idiomas que tiene mi sobrino, sabe incluso las lenguas de los comerciantes mas lejanos.- Dijo dirigiéndose a ellos, no me gustaba ese tono, sonaba como cuando quería vender una tela a un comprador poco decidido.- Bueno, una vez hechas las presentaciones…- dudó unos instantes – Giovanni, te presento a tu futura esposa, Giovanna Cenami.

Sabía como cualquiera que ese día podía llegar en cualquier momento, los matrimonios concertados entre la sociedad burguesa eran comunes como para pretender escaquearse a mi edad, pero ¡ahora!, ¡precisamente ahora que estaba enfrascado con el maestro en el mayor descubrimiento del saber!. Abrí los ojos como platos, sin embargo, la joven permaneció inmóvil, estaba claro que ella ya sabía de antemano a lo que venía. Hice acopio de compostura y valor y la saludé.

- Giovanna, me siento honrado de esposar con una mujer tan bella. –Ciertamente, tampoco era tan bella, pero si mi tío la había elegido por algo sería. A Penas era una niña, ya que tendría unos ocho o nueve años, y a mi lado, con mis 21 años recién cumplidos, parecía mas mi hija que mi futura esposa, sin embargo algo había en ella que la hacía cercana, quizá su curiosa mirada o el aire inocente que desprendía observándome de arriba abajo con pueril expectación.

- Gracias señor, yo también me siento muy dichosa. – Dijo con una voz infantil pero firme como si se lo hubiese aprendido de memoria días antes.

Pasamos el resto de la tarde tomando los pastelillos que los Cenami nos habían traído desde París para deleitarnos y charlando de todo un poco, de mis viajes, de mis conocimientos en idiomas, de la joven muchacha que en breves ingresaría en un convento para prepararse para el matrimonio…

Seguía sintiéndome como la tela que no se querían comprar, mi tío no dejaba de regalarme los oídos comentando lo excelente persona y mercader que era, la pareja, acaudalada por lo que iba viendo, no parecía del todo complacida con la elección del marido de su hija. Ella, callada y sumisa no dejaba de mirar todo en torno suyo como si jamás hubiese salido de su casa, y seguro que era así.

-Giovanna, ¿deseas pasear un poco por la ciudad antes de retirarte? – Esta vez fue la niña la que abrió los ojos como platos mientras asentía con la cabeza, una breve mirada de desaprobación cruzó la estancia desde los ojos de su madre.

-Julianna! – llamó la mujer – acompaña a los jóvenes en su paseo, no sea que la señorita desee su guasapa.- La criada salio de la estancia, y regresó al momento ataviada para salir y con la capa con capucha de la niña.- Idos, pero regresad antes de que se ponga el sol, no quiero tener que casarla antes de tiempo.- Concluyó con un movimiento de mano al que asintió su marido con gesto serio.

Caminamos por las calle de Brujas durante un buen trecho, Juliánna nos seguía a una prudencial distancia. Casi no habíamos cruzado dos palabras cuando de pronto, Giovanna comenzó a hablar.

-Aún no tendrá lugar el matrimonio, no temas, la próxima vez que nos veamos contaré unos veinte años, es la edad fijada por mi familia para la toma de esposo. Sin embargo mis padres deseaban conocerte a la mayor brevedad posible, una especie de adivino les ha vaticinado, que esposaré con el mercader mas rico de todo Flandes, aunque tengo dudas de que eso sea cierto. Nuestro matrimonio se pactó hace mucho tiempo, yo ni siquiera había nacido, la primera hija de mis padres debería casarse contigo, digamos que me prometieron a tus padres antes incluso de haber nacido.

-Caray…- fue lo más que pude murmurar ante tal locuacidad – ejem! – carraspeé

- No sufras, mi hermana mayor desposará en breves con un comerciante español. Yo soy la pequeña así que ya me he acostumbrado a verlas marchar. Mi padre cree que estamos malditos porque somos 6 hermanas y ningún varón. Nacieron dos muertos.

- Lo siento- ciertamente no parecía tener la edad que decía.

- Mañana partiremos a París de nuevo, y no volveré a verte hasta dentro de unos años para convertirme en tu esposa… – se quedó pensativa de nuevo- ¿donde estamos? es precioso…- dijo mirando uno de los canales de la ciudad. El reflejo de las casas y los árboles posándose en el agua era verdaderamente hermoso en esa época del año, y los cisnes que parecían vagar de un lado para otro imprimían al momento un halo de romanticismo muy especial.

-Es el puerto interior interior de la ciudad y lo llaman el lago del amor. Cuenta la leyenda que una joven llamada Minna se enamoró de un hombre que por su estatus no podía corresponderle, ella huyó a este lugar para refugiarse y falleció. Su amado al enterarse, consiguió separar las aguas y enterrarla debajo del lago para que su amor perdurase por siempre… Otros cuentan que aquí está enterrada la hija de un marinero que prefirió morir en lugar de casarse con el hombre que no amaba…- La similitud de la leyenda con nuestra propia historia me hizo quedar callado mirando al suelo.

-No sufras Giovanni, se que cuando sea tu esposa te amaré profundamente, pues eres un hombre bueno y noble.- Y me regaló una dulce sonrisa.

-Gracias… oye… ¿quieres conocer a alguien?- Se me ocurrió de pronto presentarle a mi maestro y a nuestro descubrimiento, al fín y al cabo, ella sería mi futura esposa.

- ¿A quien?.

- Es una persona muy culta, mi maestro, aún faltan una o dos horas para la puesta de sol, así que no creo que haya inconveniente.- Dije mirando a Julianna.

- No te apures por mi haya, Julianna tiene toda mi confianza.- La sirvienta devolvió la sonrisa a la niña.

- Vamos pues, te lo presentaré.

Caminamos entre los canales y los puentes, y pese a parecer mas un padre y su hija, la actitud y la cultura que demostraba Giovanna me sorprendió gratamente y me hacía pensar que estaba con un adulto de mi edad en lugar de con una niña.

Pronto llegamos a casa de Christopher, su criado abrió la puerta nada más golpear la aldava de la puerta y entramos a la biblioteca donde se encontraba consultado varios libros abiertos por doquier, pluma en mano anotando detalle en un papel que tenía delante.

-¡Giovanni! ¡Qué magnífico que hayas vuelto!, creo que estamos en disposición de continuar con la siguiente fase… ¡Es magnífico!.

-¡Ejem!- carraspee apartándome para que viese a Giovanna que se había quedado detrás mío- Maestro, esta es Giovanna, mi futura esposa…

- Tu futura esposa…- repitió lentamente como asimilando las palabras, estaba claro que aún sufría los efectos de la noche anterior pues seguía alterado y eufórico, solo esperaba que no mencionase lo de la dama de la sabiduría con la que al parecer había yacido la noche anterior por el bien de la joven.- Bueno, magnífico igualmente, ella será la tercera voz, es justo lo que necesitamos para continuar el ritual.

-¿De qué habla Giovanni?.- Preguntó ella con un hilito de voz.

Miré de soslayo a su criada – ¿confías en ella?- Le pregunté.

- Absolutamente – me respondió.

-Bien, Julianna, de lo que veas u oigas en esta sala por tu vida, jamás deberás revelar secreto, poderes muy serios son los que se pueden revelar aquí y son los que debes temer mucho mas alla de lo que yo pudiera castigarse en caso de traicionarlos.- La criada asintió frenéticamente con la cabeza con verdadero pavor por lo que le estaba anunciando.

Poco a poco fuimos explicando a la niña como habíamos encontrado el espejo y el poder que creíamos que tenía, el ritual del día anterior y (algo maquillado si que es cierto) el encuentro del día anterior con la sabiduría que había tenido mi maestro.

Giovanna abría los ojos como platos, y había en su mirada una mezcla de temor y curiosidad que parecía agradarle. Por ultimo mi maestro explicó como se debería desarrollar la siguiente fase y convidó a la niña a que se uniese a nosotros. En un primer momento me pareció excesivo, compartir aquel poder del que aún no teníamos demasiado control, con una niña tan joven y a la que había conocido hacía a penas unas horas, pero algo me hizo seguir adelante, si ella iba a ser mi futuro, era lógico querer incluirla en aquello.

Pedimos a Julianna que saliese de la estancia y que en una hora, justo antes de la puesta de sol nos llamase a la puerta para que terminasemos, en caso de que no contestasemos tenía autorización para entrar a por nosotros. La mujer salió de la estancia prácticamente aliviada por no tener que presenciar mas misterios.

Preparamos la sala como el día anterior, situamos el espejo en medio de ella, y despues de explicar a la niña como era la salmodia que debía repetir iniciamos el cántico una vez mas con la esperanza de que alguna revelación nos fuese dada…

Pasaron unos instantes donde todo fue confuso, la estancia, parecía dar vueltas una vez las tres voces con los tres distintos tonos recitaban las palabras inconexas que tenían mejor cadencia hoy que incluíamos a Giovanna. Una frase, otra, otra mas, parecía que estaba inmerso dentro de un mar en el que podía flotar a mi antojo, todo flotaba a mi alrededor… y derepente lo vi… Una de las miniaturas del via crucis que cubría uno de los anteriores grabados extraños, se abrió.

Pasados unos segúndos todo cambió, nos miramos los tres unos a otros, y empezamos a reir desaforadamente. Miles de imagenes se pasaron por mi mente, lo siguiente que recuerdo era la mano de Julianna en mi cara, palmeandola para hacerme despertar.

El expediente 654

•Septiembre 1, 2009 • Dejar un comentario

- Dime, es cierto lo que he oido en el comedor?
- Pues no te sabría decir, pero ándate con ojo
- Entonces, sí es peligroso
- Nadie es tan tonto como para no darse cuenta, pero parecer inofensivo es su mayor peligro

El silencio acompañó a esa última frase. Durante unos instantes nada se oyó. De repente, de nuevo el habitual ruido de fondo: zapatos repicando contra el suelo de cemento, el sordo murmullo de los pantalones que arrastraban y el tintineo de las cadenas que les unian. Miles de personas en un mismo y espacioso lugar, ni una sola voz se oía, sólo el monótono sonido de los cuerpos desfilando hacia sus celdas tras el breve reposo del patio. Los dos nos quedamos como siempre absortos, viendo el penoso espectáculo desde la ventana de nuestro despacho en la segunda planta. Todos los dias lo mismo. Rutina, rutina y más rutina. Pero supongo que así debe ser para que funcione éste sitio.

Pude verle cerrando la fila. Un tipo grande, pero sin aspecto de fiero, más bien con cara de buena persona. El típico bonachón al que, si no fuera por que está aquí dentro, le habrías confiado tu vida. Con la mirada perdida, siguiendo tranquilamente al que tenía justo enfrente. Sin alterarse lo más mínimo. De verdad que no me podía creer lo que me habían contado. Salí un momento al pasillo, apoyado en la barandilla metálica me llegaba ese olor a humanidad del que cualquier otra persona huiría, aquí simplemente nos habíamos acostumbrado a él. Me mantuve firme en el pasillo, como me habían dicho siempre, nunca en posición relajada ante los presos. Por unos instantes pensé que pasaría hasta su celda, yo me daría media vuelta y seguiría con mi trabajo. Pero cuando ya casi desaparecía tras las columnas, de repente me echó una mirada retadora. Un escalofrío me recorrió el cuerpo pero mantuve la postura. Pasó de la columna y le perdí de vista.

Al girarme encontré a mi compañero de pie junto a mí. Seguramente estaba desde que yo había salido.

- Te lo dije!
- No sé, no puedo estar seguro, pero esa mirada…
- Nunca te fies de quien ha sido capaz de matar a toda su familia de esa manera

Sólo hacía unos días que había entrado aquí, y lo que me habían contado los compañeros que estaban en su bloque ponía el vello de punta a cualquiera que lo escuchase. A nosotros no nos dejaban acceder a los expedientes de los presos de máxima seguridad, así que no sé como me las iba a apañar para conseguirlo, pero tenía que verlo, tenía que ver ese expediente para creermelo. Tal vez después de ver  las fotos de los asesinatos no sería capaz de dormir en mucho tiempo, pero no me importaba, siempre me habían gustado las historias de terror, y ahora tenía una realmente cerca, no la podía dejar escapar.

La tripulación crece

•Agosto 28, 2009 • Dejar un comentario

Tras un tiempo amarrados en un puerto del caribe tomando unos mojitos, un nuevo grumete va a formar parte de nuestra tripulación. Le tenemos estudiando las cartas de navegación y enseñándole como funcionan nuestras brújulas y sextantes para que no se pierda en su primera travesía. En cuanto lo tenga todo estudiado, subirá al puente y tendrá su turno de timón. Se le ven aptitudes, y seguramente nos ayudará a marcar una línea más directa hacia nuestro destino, sea el que sea y llegue cuando llegue.

Personalmente estoy ilusionado, ver como la tripulación aumenta me hace pensar que el viaje en el que nos hemos embarcado fue una decisión acertada. Y empezar a hablar de nuevos barcos, aumentando nuestra flota, algo en lo que ni se nos había ocurrido pensar, supone un reto que afrontaremos con especial ilusión.

Como siempre, serán los vientos quienes decidan en que puerto desembarcamos y si nuestro barco no naufraga, pero una mayor tripulación es una garantía de aprovechar mejor las ráfagas que se nos vienen encima y que empujan nuestro navío por aguas desconocidas. El barco es grande y tal vez aún debamos incorporar a alguien más si vemos que no podemos dominarlo. De momento, veamos como se desarrolla esta nueva etapa de la travesía.

Bienvenido a bordo, grumete!!

Estambul, 105 (III)

•Agosto 16, 2009 • Dejar un comentario

Hola jefa,
he hecho lo que me pediste y he investigado sobre Samuel. Espero que hayas ido con mucho cuidado porque no es ningún desconocido para nosotras, hemos estado tratando con él más de lo que te imaginas. Samuel Cerneya Marín era el propietario de “SACEMA GALERÍA”, que se vio involucrada en el escándalo de los ejemplares falsificados del siglo XVII. Recuerda que tanto Mr. Neeskens como SACEMA no quedaron del todo complacidos con los resultados. Mr. Neeskens supo buscarse la vida pero Samuel no ha tenido tanta suerte. Después del altercado, el buen nombre de su galería fue perdiendo fama hasta dejar de formar parte de la lista de las más prestigiosas. Tanto sus artistas colaboradores como sus compradores habituales se han ido alejando de él poco a poco. Su empresa entró en crisis y hace unos meses que ha dejado de existir. Desconozco por qué ha acudido Samuel realmente a nosotras pero ándate con ojo.
Aquí tienes un resumen de lo que he encontrado hasta ahora:
Se licenció en Historia del Arte en la universidad de Oviedo. Durante los primeros años trabajó en y para diferentes galerías como Galería Vértice, en Oviedo, Galería Antonio Machón, en Madrid, y Ambit Galeria d’Art, en Barcelona. Durante los años siguientes dejó aparcado el tema del arte hasta que se asoció con su hermana, Sara, y juntos fundaron SACEMA GALERIA. La historia de como ha terminado ya la conocemos.
En sus años mozos intentó colársela a hacienda un par de veces y tuvo que pagar alguna que otra multa. A parte de eso, todo parece estar en orden hasta hoy.
En su historial médico no hay nada de mucho interés. Parece un hombre sano, no ha estado ingresado en el hospital desde que era un chaval y le operaron de la rodilla derecha a causa de una caída jugando a fútbol. Actualmente no padece ninguna enfermedad.
Respecto a su expediente amoroso no consta que haya estado casado ni que tenga hijos. He hallado cotilleos sobre posibles amantes pero ninguno confirmado. El rumor más sólido parece ser el de esa tal Patricia que pintaba para su galería, pero no tengo nada confirmable.
Te adjunto pdf de nuestro informe por si te hace falta defenderte y una copia de toda la documentación que tengo recopilada.
Seguiré investigando.


Ruth.
P.D. ¡Ves alerta!

Casi se me cae la PDA de las manos. Instintivamente miré hacia la pared que daba a la habitación de Samuel. Tuve que sentarme sobre la cama y darme unos segundos para asimilar esta información.

Recordaba el escándalo que se formó con la falsificación de unos cuadros del siglo XVII. A Mr. Neeskens, un experimentado comprador, le llegó el rumor sobre el movimiento de unas falsificaciones de arte holandés. Solicitó una comprobación y posteriormente una investigación sobre las obras que acababa de adquirir a través de SACEMA. Entre ellas había un Vermeer que era de especial interés para él. Los expertos en arte aún debatían si se trataba, en realidad, de un Meegeren.

Han van Meegeren, pintor holandés, es uno de los más agudos falsificadores de arte del siglo XX. Desde su infancia sintió una gran admiración por los pintores de la Edad de Oro Holandesa y se esforzó mucho por llegar a ser artista, pero sufrió una gran decepción cuando los críticos de arte de su época menospreciaron su trabajo. Decidió demostrar su talento falsificando pinturas de algunos de los más famosos artistas del mundo, entre ellos Johannes Vermeer, considerado uno de los más grandes pintores de Holanda del siglo XVII. La obra de Vermeer es muy reducida y posee un vacío cronológico durante el cual se afirma que pintó obras religiosas. Van Meergeren pintó los Vermeer que teóricamente faltaban. Replicó tan bien los estilos y colores del autor copiado que se consideraron sus pinturas como auténticas. Durante la segunda guerra mundial fue descubierto y todos sus cuadros fueron subastados.

Tal y como Mr. Neeskens temía, una de las polémicas obras que compró a SACEMA GALERIA resultó ser al final la falsificación de un Vermeer auténtico o de un posible Meegeren.

Elaboramos un análisis completo de todas y cada una de las obras perjudicadas. La investigación de un cuadro adulterado requiere de alguien con los mismos conocimientos que los de un falsificador. Alguien que domine la pintura, que sepa analizar, elegir y confeccionar los tintes que se necesitan para reproducir los colores exactos de la época a la que corresponde el ejemplar que se pretende duplicar, que posea una mente y una susceptibilidad superiores incluso que las del pintor original, que sea un maestro en el mantenimiento de la obra artística y que conozca los entresijos del mercado negro del arte.

Hicimos un tremendo esfuerzo para realizar un informe imparcial y desinteresado. Una vez terminado nuestro trabajo nos mantuvimos alejadas de todos los cotilleos y especulaciones que mantuvieron ocupada a la prensa durante una buena temporada. Los periódicos y las cadenas de televisión se contentaron con la versión de que esto había sido obra de una de las muchas redes internacionales de falsificación de obras de arte, que eran difícilmente detectables y que se seguiría haciendo todo lo posible. Se criticaron una vez más las injusticias que sufría el arte. Después la noticia dejó de ser novedad y se olvidó. Nuestro trabajo resultó impecable, pero no satisfizo lo suficiente a Mr. Neskkens, que quería culpables que pagaran por su mala suerte y, aunque exculpamos la implicación de SACEMA en la trampa y quedó claro que ellos también había sufrido el fraude, lo sucedido dañó tan seriamente el prestigio de la galería de Samuel que al parecer la había hecho quebrar.

De inmediato me vinieron a la mente imágenes de algunos momentos de los últimos días. Cuando Samuel irrumpió en mi despacho dando ordenes de encontrar a su hermana: “Samuel Cerneya Marín, necesito que la encuentre, me consta que es usted la mejor” había dicho él con mucha convicción. “Victoria… se mas de ti de lo que piensas, por eso te he contratado”. Hasta ese momento no entendía el doble sentido que tenían sus palabras y ahora me parecían cortantes como cuchillos. Parecía que había acudido a nosotras por que conocía, de primera mano, la eficacia de nuestro trabajo. Pero, aunque no había sido nuestra intención, habíamos contribuido al declive y posterior desaparición de su empresa. No era difícil adivinar que estaba algo resentido.

- ¡Victoria! ¿Se puede saber que estás haciendo? ¿Nos vamos o qué? -gritó aporreando la puerta.

Me asaltaron las dudas. ¿Como era en realidad Samuel Cerneya Marín? En mi profesión no te puedes fiar de nadie hasta que te demuestran lo contrario y yo, como una chiquilla con ganas de jugar a encontrar tesoros, había entrado en la boca del lobo sin pensármelo dos veces. ¿Toda esta historia de Sara era real o se trataba de algún asunto turbio? Samuel parecía realmente preocupado por su hermana y toda la documentación que había tenido en mis manos hasta el momento era verdadera. A Sara parecía habérsela tragado la tierra y aunque no había oído hablar del espejo con el que se había encaprichado, éste podía existir realmente. Más de una sorpresa me había llevado ya desde que empecé a hacer mis trabajos. ¿Hasta que punto los intereses de Samuel eran honestos? Intenté hacerme a la idea del infierno que debió vivir al ver como desaparecía poco a poco el trabajo de su vida. ¿Qué motivos tenía él para no haberme contado quién era realmente desde el principio?

-¡Ya voy! -le grité bruscamente a través de la puerta. Nuevamente ese hombre y sus cosas habían conseguido sacarme de quicio.

Caminé de un lado a otro de la habitación mientras sacaba y volvía a meter mis cosas en la mochila. Dudaba entre recogerlo todo y largarme de allí, o seguir adelante con el mejor trabajo que me habían ofrecido nunca. Respiré profundamente un par de veces para calmarme, mientras decidía que no continuaríamos hasta que me hubiera dado una buena explicación. Luego me dirigí hacia la puerta y la abrí de mala gana.

-Entra -le ordené, de manera tan tajante que no tuvo más remedio que obedecer.

Me miró desconcertado, dio unos pasos dubitativo y sin comprender. Cerró con cuidado la puerta tras de si y se quedó allí parado, esperando.

Me senté en la butaca de la habitación. No pude evitar negar con la cabeza mientras pensaba en lo poco me gustaba aquella situación. Él levantó los brazos a modo de pregunta.

-¿A qué estamos jugando? -dije como respuesta a su gesto.

-¿Cómo que a qué estamos jugando? -repitió, algo confuso.

-¿Todo este rollo de Sara es real o es una especie de venganza?

-¿Venganza? ¿Pero de qué hablas? ¿Como coño quieres que me haya inventado todo esto? -dijo, entre sorprendido e irritado.

-Me he enterado de que eras el propietario de SACEMA. ¿Por qué me lo ocultas? -pregunté en un tono más alto de lo normal-. Sé que tu empresa quebró hace poco, por todo aquel lío de los cuadros falsificados. Nosotras ayudamos a esclarecer una parte del informe que te condenó y sospecho que ahora quieres “devolvernos el favor” -terminé, dibujando en el aire las comillas con mis dedos.

Su sorpresa era evidente. Abrió la boca para decir algo pero no articuló palabra.

Yo esperaba con calma a que se decidiera a hablar. Lo observaba pensar mientras paseaba por la habitación tal y como yo había estado haciendo unos instantes antes.

-¿Así que crees que todo esto se trata de un ajuste de cuentas, no? -dijo, pensativo.

-Es la única explicación que se me ocurre. ¿Tienes alguna mejor?

-Vale, me has pillado Victoria- respondió al fin, bajando la cabeza y colocando una mano sobre su pecho-. Desde que mi empresa se fue al garete me he dedicado a escribir un diario con las aventuras jamás contadas de la intrépida Sara. Va en busca de un espejo que ¡salvará al mundo! He contratado a unos matones para que te abran la cabeza y luego te he traído hasta este paradisíaco rincón del mundo para cambiarte por tres camellos. Ja-ja que malvado soy!

¿Que me estaba diciendo ese hombre? ¿La intrépida Sara? ¿Salvar al mundo? ¿Cambiarme por camellos? ¡Pero que historia tan absurda! Empezaba a sentirme incomodaba y ridícula.

Samuel levantó la cabeza y al comprobar mi desconcierto se empezó a reír. Sus carcajadas iban en aumento, a la par que mi vergüenza.

-Todo esto no tiene ninguna gracia- protesté.

-Claro que la tiene. ¡Mira que cara has puesto! -se burló.

Se acabó, pensé. No iba a tolerar ese cachondeo y menos en una situación tan seria. Me levanté y cogí mi mochila. Estaba dispuesta a largarme pero Samuel se interpuso en mi camino.

-No te enfades. Solo era una broma para comparar tus estúpidas sospechas con una historia más disparatada aún -dijo mientras me arrancaba la maleta de las manos y la volvía a colocar sobre la cama-. ¿Donde está tu sentido del humor?

No supe que contestarle. En esos momentos mi humor se había esfumado.

-Mmm… sigo pensando que deberíamos hablar de esto en otro sitio. Acabamos de comprobar que no hemos pasado tan desapercibidos como creíamos.

-No me voy a ir contigo a ninguna parte sin antes saber con quien estoy tratando. ¿Por qué no me habías dicho que eras el propietario de SACEMA? -respondí cruzando los brazos.

-No me lo preguntaste -dijo.

Levanté una ceja.

-Está bien. Tienes razón en que podría haberte contado en qué trabajo, o más bien en qué trabajaba. Pero dime… ¿cómo te has enterado? -preguntó mirándome directamente a los ojos.

-¿No se supone que soy tan buena en mi trabajo? -le espeté-. Era de esperar que tarde o temprano lo acabaría descubriendo ¿no?

-Me has investigado, ¿verdad? -dijo con su sonrisa torcida-. Quiero que sepas que no me gusta que husmeen en mis asuntos.

-Y a mi no me gustan las mentiras.

-No te he mentido en nada, Victoria -dijo poniéndose a la defensiva.

-Tampoco me gustan las verdades a medias -le recriminé.

Bufó mientras se pasaba las manos por el pelo. Luego se sentó al borde de la cama y me miró de frente.

-Sí, era el propietario de SACEMA. Sí, toda esta historia de Sara es real. Y no, nada de todo esto tiene que ver con una venganza ni nada por el estilo. Sé que fuiste tú quien realizó la investigación sobre los cuadros falsificados del siglo XVII. Un informe impecable. Digno de alguien con muchos recursos. Cosa que no me pasó desaperciba, por eso te vine a buscar -concluyó mientras encendía un habano y echaba el humo al techo.

-Sigues sin responder a todas mis preguntas -dije.

-No te conté que era el propietario de SACEMA precisamente para evitar esta discusión.

-¿En serio?- dije irónicamente.

-Sabía que si te lo decía antes de que te interesaras por esta historia, corría el riesgo de que desconfiaras de mí, tal y como has hecho, y que no aceptaras el trabajo. Pensaba contártelo más adelante, cuando eso no fuera a interferir en tu decisión.

Reflexioné unos instantes sobre su explicación.

-Sigo sin fiarme de ti, Samuel. Y no sé trabajar con alguien en quien no confío.

-Entiendo que puede resultar extraño que quiera contratar a una de las brillantes abogadas de Mr. Neeskens después de todo lo que ha pasado con la galería. Pero esto no es ninguna vendetta. Se trata de que ahora necesito que hagas para mí un trabajo tan perfecto como el que realizaste para él.

Apagó lo que le quedaba de puro. Se acercó hasta la butaca donde yo seguía sentada y se agachó hasta que nuestras caras estuvieron a la misma altura.

-Mi hermana es como una obra de arte que no se puede extraviar y tú eres la persona indicada para encontrarla.

Estaba hecha un lío. Lo que me había expuesto no me satisfacía lo suficiente pero tampoco me disgustaba tanto como para abandonar. Suspiré.

-Siempre puedes concederme el beneficio de la duda -dijo sonriendo maliciosamente-. ¿Nos vamos de una vez?

Por alguna extraña razón podía comprender la motivación de Samuel en la búsqueda de Sara. No se trataba solo de que fuera su hermana, que eso era determinante, ni de que ella estuviera buscando un extraño espejo, cosa que resultaba de lo más interesante. Lo que hacía que aquel encargo fuera especial era la pasión especial que él manifestaba por aquel cometido. Caí en la cuenta de que también era un buscador. Un buscador de tesoros, al igual que su hermana, y al igual que yo. Conectábamos a la perfección con esa sensación que provocaba el hecho de andar a la caza. Tantear, rastrear, examinar, escudriñar para finalmente hallar, con gran deleite, la pieza buscada.

-Está bien -dije-. Vámonos a encontrar a Sara.

Brujas, 1421 (II)

•Julio 26, 2009 • Dejar un comentario

- ¿y que cree que debemos hacer ahora, maestro?
- Este artefacto oculta un gran poder, y muchos misterios que no deben ser tomados a la ligera, quizá lo más prudente sea guardarlo un tiempo mientras estudiamos el manuscrito. – no me pareció mala idea, pero por otra parte eso significaba no volver a realizar el ritual y experimentar aquella sensación maravillosa de nuevo – Tiene que haber algún otro escrito en alguna parte que nos ayude a utilizar todo su potencial y obtener la sabiduría que en él se encierra.

Durante unos instantes los dos nos quedamos en silencio, pensando en eso, en todo lo que aquel objeto podía ofrecernos, una sabiduría sin límites que nos hiciera comprender el mundo en todos sus detalles. Lo máximo a lo que puede aspirar un ser humano, entender la existencia y el porqué de las cosas.

- Llévatelo y guárdalo bien – continuó el maestro -, mientras tanto me acercaré a ver a unos monjes que conozco en Mont Saint Michelle, tienen una biblioteca extensisíma con algunos ejemplares de raros orígenes traídos por viajeros y mercaderes de la ruta de la seda y muchos otros rescatados de la biblioteca de Alejandría, – la mítica biblioteca destruida hace siglos parece ser que durante una invasión árabe, y en la que se guardaban una increíble cantidad de documentos antiguos – puede que el origen del espejo sea muy anterior a lo que conocemos.
- Así lo haré maestro, – me apresuré a decir mientras envolvía de nuevo el espejo junto a las telas y el manuscrito en el baúl.

Salí de su casa junto a mi sirviente al que había echo llamar para que llevase el baúl. Caminábamos por las calles de Brujas, repletas de gente pues acababan de llegar a la ciudad dos días antes unas galeras procedente de Venecia con gran cantidad de mercancías para vender y era cuando la gente de la ciudad aprovechaba para conseguir telas exóticas, carnes ahumadas de gran calidad o refinadas joyas engarzadas con deslumbrantes piedras preciosas los más ricos. El bullicio era considerable, tanto que casi no podía ni escuchar mis propios pensamientos sobre lo que había sucedido la noche anterior. Intentaba recordar, pero por más que lo intentaba no había manera, era como si la noche no hubiera existido. Sólo un extraño aroma era todo lo que mi mente era capaz de asociar con el ritual, como si lo cubriese todo. Posiblemente la esencia que había surgido del espejo, y que mi maestro si había sido capaz de ver por su mayor control sobre la mente, era lo que yo recordaba ligeramente como una neblina con un olor espeso y dulzón.

- Giovanni, por fin!! – era mi tío recibiéndome con los brazos abiertos – ¿donde te habías metido? te he estado buscando toda la mañana pero nadie supo decirme nada
- Fui anoche a ver a Christian, tío – me extrañaba verle tan solícito conmigo, seguramente quería algo, pero no se me ocurría que podía ser
- Da igual, ven que te voy a presentar a unas personas con las que estaba cerrando unos tratos.

Me cogió por el hombro para acercarme a la sala donde pude ver a tres personas que nos esperaban, lo que parecía un matrimonio algo mayores que mi tío, y una joven bastante bien parecida que permanecía callada en actitud más que decorosa junto a ellos. Al entrar en la sala el hombre se levantó, su mujer nos miró, pero la joven mantuvo la cabeza ligéramente inclinada sin perder su pose recatada, aunque me pareció ver que nos miraba de reojo tras el abanico que le tapaba media cara.

- Este es Giovanni, mi sobrino – empezó diciendo mi tío en una presentación bastante poco formal, supongo que ya tenía cierta confianza con ellos como para usar esos modos tan familiares, luego dirigiéndose a mi, me dijo – y ellos son…

Estambul, 105 (II)

•Julio 25, 2009 • Dejar un comentario

- Creo que tienes razón, alguien nos ha seguido, así que tenemos que actuar con rapidez – me pareció la opción más razonable – . Mientras me visto te puedes dar una ducha rápida y podemos ir a ver a tu contacto del museo.
- Me parece bien – tendría que aguantarme el cansancio – , pero antes voy a revisar mi PDA por si Ruth me ha enviado los informes que le pedí
- ¿Informes? – pareció muy sorprendido
- No pensarías que me iba a embarcar en una historia como ésta sin hacer algunas investigaciones, sobre todo después del ataque en mi despacho el otro día.
- Si, claro, cómo no – realmente estaba descolocado, yo tampoco me esperaba esos balbuceos en su respuesta
- Tú me contrataste para eso, no? – sé que no era la mejor situación para hablar algo así, pero no pude evitar preguntar – ¿hay algún problema?
- mmm… – uy, esa pausa no me gustó nada – es cierto, yo te contraté pero no estaba del todo seguro de fiarme de ti. – mi expresión cambió rápidamente para mostrar lo ofendida que estaba – No te ofendas, supongo que empiezas a entender lo delicado de la situación y que deba andar con pies de plomo, pero después del golpe que te dieron en el despacho parece que ellos tampoco se fían de ti.
- Menos mal que sirvió para algo que casi me abrieran la cabeza – dije manteniendo mi pose de ofendida hasta que aclarase lo que estaba diciendo.
- Iba a ponerte al día cuando hablamos en barcelona tras la agresión, pero después pensé que sería mejor hacerlo aquí donde esperaba que no hubiese ojos vigilándonos, lo que por lo visto no es cierto, y esto sólo demuestra que realmente todo esto es tan peligroso como me temía
- Me tienes en ascuas, habla de una vez!! – ya ni me acordaba que estábamos agachados en el balcón de un hotel.
- Aquí no, será mejor de camino, con el bullicio de la ciudad estaremos más seguros de que nadie nos oiga y te contaré todo lo que sé.
Se levantó y se fue hacia dentro de la habitación, yo me quedé con ganas de obligarle a que me lo contara allí mismo, pero sabía que tenía razón y no era el mejor sitio para hablar de esos detalles. Yo también me incorporé con todos mis aparatitos de espía en las manos, crucé en dirección a mi habitación donde solté todo encima de la cama, cogí algo de ropa limpia y me metí rápidamente al baño a darme una ducha que me tranquilizara un poco, el cambio brusco de estar durmiendo a estar en plena tensión por los tipos de la habitación de Sara me había alterado mucho los nervios. El agua caliente me vino muy bien, la dejé deslizar por mi cuerpo durante unos minutos mientras pensaba en lo que me había medio contado Samuel, realmente faltaban piezas en el puzzle, algo no encajaba. Las piezas de arte antiguas son todo un mercado que mueve cantidad de dinero e intereses, y siempre hay conflictos y pugnas por conseguir determinado objeto, sobre todo cuando son realmente importantes. Pero el espejo que perseguía ella no parecía ser algo tan relevante como para tener tanta gente detrás: no parece tener un valor intrínseco por el material del que estaba hecho, ni tampoco ser de una época que pueda revelar alguna civilización antigua como sucede a veces con objetos encontrados en tumbas o excavaciones arqueológicas… Entonces, ¿que podía ser?
- Date prisa!
La voz de Samuel desde su puerta del baño me hizo salir de mis pensamientos y ser consciente de lo que estaba haciendo. Salí rápidamente de la bañera y me vestí con el cuerpo aún húmedo (lo agradecería al salir al infierno que son las calles de Estambul), mientras me secaba un poco el pelo, salí del baño y rebusqué en mi mochila hasta encontrar la PDA.
Había un mensaje de Ruth:


Hola jefa,

He hecho lo que me pediste y he investigado sobre Samuel, espero que hayas ido con mucho cuidado por que…

La búsqueda (VI)

•Mayo 13, 2009 • Dejar un comentario

… a Sara jamás le permití que le contase la verdad. Y por lo que podía comprobar había cumplido su palabra, Patricia me miraba con asombro por mi repentina aparición pero no cabía duda de que seguía enfada tras ese duro recibimiento.

- ¿Podemos ir ya a desayunar? -dijo ella cortando el hilo de mis pensamientos- ¡Me muero de hambre! Llevo toda la noche bailando y mi estómago ya me pide algo más que alcohol.

La miré de reojo mientras cambiaba de carril. Por lo visto la conversación sobre quienes fuimos había terminado, pero solo por el momento… Pasaba gusto de conducir con ella al lado pero tenía razón, empezaba a ser hora de comer algo. El largo trayecto y el tempestuoso reencuentro también me habían dejado agotado y famélico.

Ya estábamos llegando a mi casa y era totalmente imposible encontrar por aquí un lugar donde dejar el coche. Por suerte uno de mis vecinos estaba de viaje y su plaza quedaba vacía, podríamos aparcar allí hasta mañana.

Mientras bajamos la empinada cuesta del parkin los frenos chirriaron y Enol se despertó.

- ¿Ya hemos llegado? -preguntó desperezándose.

- Acabamos de llegar a mi casa. ¿Tienes hambre? – dije- En la esquina nos darán de comer. ¿Has dormido bien? -le pregunté con todo de guasa.

- Pues no -me contestó rascándose la cabeza mientras bostezaba-. He tenido unos sueños muy raros.

- Bueno, los asientos de atrás de un coche no son especialmente cómodos -le conteste-. Además, llevamos un día muy intenso, es normal que tengas pesadillas -dije, revolviéndole el pelo al chaval. Al final iba a caerme bien y todo.

Mientras caminábamos hacia el ascensor Patricia iba delante de nosotros. Observé su silueta esbelta y el ondulado movimiento de sus caderas. Cuando llegamos a la puerta se giró hacia nosotros. Yo continué mirando sus largas piernas, subí hasta sus pechos y me encontré con sus ojos.

- ¿Podéis daros prisa? – nos apremió cruzando los brazos.

Hay cosas que nunca cambian, pensé. Que bien me conocía, sabía que no podría resistirme a mirarla auń sabiendo que no podía tocarla. Era evidente que esa era su venganza particular y supongo que, en parte, me lo merecía.

Desayunamos como reyes. Mientras bebíamos zumo, café y engullíamos pastas recién hechas repasamos con calma los acontecimientos de los últimos días, hicimos suposiciones sobre el paradero de Sara y, al final, decidimos que lo mejor sería averiguar si había alguien más que pudiera darnos alguna información sobre sus últimas visitas a Barcelona.

- Entonces, ¿cuando empezamos la búsqueda? -preguntó Patricia.

- ¿Empezamos? – contesté sorprendido.

- Escucha Samuel, tu hermana es mi mejor amiga. Si has venido desde Madrid en coche y te has gastado la cara para venir a hablar conmigo es porque esto es importante. Y no puedes contarme todo esto y esperar que me desentienda -continuó antes de que yo pudiera decir nada más.

Me lo pensé unos instantes. Todo lo que estaba pasando me resultaba peligroso y con tener a una de mis mujeres metida en este lío era suficiente.

- Mira Pat, no te lo tomes a mal, pero prefiero que te mantengas al margen de todo esto. En cuanto sepa cosas de ella te avisaré, te lo prometo- soné algo desesperado.

- ¿Que pasa Samuel, ahora vas a preocuparte por mi?- dijo muy indignada- ¿Acaso crees que me quedaré de brazos cruzados? Ya te he dicho antes cuanto le debo a Sara y, si realmente está en problemas, haré todo lo que esté en mi mano para ayudarla.

No había contado con esta reacción por su parte. Sin haberme dado cuenta ya la había metido en el ajo. Patricia y mi hermana eran uña y carne, era de esperar que esto le tocara la fibra sensible y que quisiera implicarse.

- Está bien -cedí al fin. A cabezota no le ganaba nadie, igual que Sara.

Pagamos la cuenta y salimos a la calle. Ya amanecía y el cansancio empezaba a hacer mella en nosotros.

- Creo que deberíamos echar un vistazo a tu agenda marrón -dijo Patricia, que estaba decidida a participar-, tal vez allí tengas a alguien de confianza que hayamos pasado por alto.

En mi agenda marrón tenía anotados todos los contactos de los últimos años. Algunos de ellos facilitados por Sara.

- Enol y yo necesitamos descansar una horas y darnos una ducha. Pásate por casa a las diez y veremos que encontramos. ¿Sigues teniendo el mismo teléfono?- le pregunté- Lo digo por si necesitamos ponernos en contacto.

Dudó unos instantes pero luego sacó una targeta de su cartera y apuntó otro número detrás.

- A este teléfono siempre respondo -dijo mirándome a los ojos-. Cuando todo esto haya acabado lo tiras, no quiero estar localizable para ti.

La verdad es que a veces sabía ser muy dura.

- El mío sigue siendo el mismo de siempre – le dije mientras cogía su tarjeta sin hacerle ningún comentario.

Le dejé las llaves del coche de alquiler para que no tuviera que coger un taxi. El chico y yo subimos a mi piso, nos aseamos y nos tumbamos un rato. Le preparé la habitación de invitados que estaba pegada a la mía.

Aunque lo intenté no conseguía conciliar el sueño. La mezcla entre la ansiedad creada por los últimos acontecimientos y la excitación de tener de nuevo a Patricia tan cerca no me dejaba pegar ojo. Mi menté repasó algunos de los momentos intimos que tuvimos y una mezcla de sentimientos que creía enterrados volvieron a florecer. Tenía claro que remover el pasado nunca ha sido buena idea, y menos con mujeres como ella. Así que me puse la radio para distraer mi atención y al final caí en un ligero sueño.

- ¡No! ¡Ah! Grrr… Brrr…

Me despertaron unos gritos que provenían del cuarto contiguo. Solo conseguía distinguir lamentos y algunas palabras que para mí carecían de significado. Me incorporé rápidamente al recordar que Enol estaba durmiendo allí. Al llegar junto a su cama lo encontré empapado en sudor pegando patadas y manotazos al aire. Debía estar luchando duramente con alguien.

- Enol -le dije tocándole el brazo con cuidado, para no recibir ningún golpe.

Tuve que llamarlo varias veces hasta se despertó. Me miraba con los ojos muy abiertos y enrojecidos. Respiraba agitadamente y no me decía nada.

- Enol, ¿estás bien? -le pregunté algo impresionado mientras me miraba como si no me reconociera.

- ¿Que? -consiguió responder a duras penas.

- Enol, soy yo, Samuel.

-¿Quien? -preguntó mientras examinaba la estancia con movimientos nerviosos.

- Estás en mi casa, en Barcelona.
Tardó unos segundos más en reaccionar. Cerró los ojos de nuevo y se agarró con fuerza a las sábanas. Me estaba empezando a preocupar cuando al fin reaccionó.

- Samuel, creo que no me encuentro bien…

No pudo acabar la frase, se giró hacia un lado y vomitó el desayuno completo en el suelo. Sentí lástima por él. Imaginé que debía estar conmocionado por tantos cambios.

- ¿Que te ha pasado Enol? – le pregunté cuando parecía estar algo mejor.

- He vuelto a tener unos sueños muy extraños.

Le ayudé a levantarse para ir al baño. Se refrescó y luego necesitó tumbarse de nuevo en la cama.

- Estoy mareado Samuel -me dijo con mala cara. Me recordó a un chiquillo asustado, lejos de su casa.

- No te preocupes chaval -dije para tranquilizarlo-, descansa un rato más. Patricia está a punto de llegar y cuando hayamos terminado de revisar mi agenda te avisaré.

- Vale -contestó mientras se masajeaba las sienes.

- Enol, ¿Sara te habló alguna vez de alguien? Me refiero a alguna persona de por aquí que creas que pudieda ayudarnos -se me ocurrió que quizás sabía algo.

- Ahora mismo no lo sé. Lo pensaré -contestó con voz apagada justo cuando sonaba el timbre.

Solo nos faltaba que el chico se pusiera enfermo, pensé para mi mientras me dirigía hacia la puerta. Abrí y allí estaba ella, tan espectacular como siempre. Entró como si estuviera en su casa y se dirigió directa a mi despacho.

- He traído mi agenda también. ¿La tuya sigue en el tercer cajón? – preguntó mientras se acercaba a la mesa y antes de que pudiera contestar ya estaba sentada en mi sillón rebuscando entre mis cosas.

- Ahora está en el segundo- dije mientras sacaba la llave para abrir la aparatosa cerradura.

Cuando saqué el cuaderno me lo quitó de las manos. Tuve la sensación de que ella había tomado las riendas de la situación y debía admitir que me encantaba esa seguridad con que había decidido las cosas.

Nos íbamos fijando en todos los contactos de ambas agendas. Ella pasaba los nombres con el dedo mientras los leía con rapidez y se paraba solo si nos parecía que alguno podría darnos alguna pista, pero casi nadie coincidía con el tipo de persona que buscábamos. A Sara le gustaba hacer las cosas con mucha discreción, lo que hacía más difícil cualquier búsqueda relacionada con ella. Y el hecho de tener a mi exnovia tan cerca me obligaba a hacer verdaderos esfuerzos por concentrarme. Su exquisito olor me despistaba y estaba tentado a enredar mis dedos en sus perfectos rizos negros.

No podíamos extendernos demasiado en nuestra lista de posibles candidatos, ya que no queríamos levantar sospechas ni alarmar a nadie. Necesitamos casi dos horas para revisar todos los nombres, teléfonos y direcciones. Después de algunas discusiones, pues no conseguíamos ponernos del todo de acuerdo, concretamos que iríamos a ver a solo tres personas.

- ¡Buf! Estoy cansada. Esto ha sido más difícil de lo que esperaba -dijo mientras se estiraba haciendo crujir la butaca.

- Después de comer podemos empezar la ronda pero no sé si nos dará tiempo a verlos a los tres.

- En tal caso continuaría yo mañana y en cuanto supiera cosas te avisaría. Ah, y cuando vosotros lleguéis a París me llamas y me lo cuentas todo. Y luego me pasarás a Sara para que hable con ella, porque esto no nos lo puede volver a hacer -parecía bastante molesta con su amiga por desaparecer sin dejar rastro.

Asentí con la cabeza mientras reflexionaba sobre la intranquilidad que me creaba todo este desconocimiento y sus posibles consecuencias.

- Pat, si mañana sigues tú sola, ten cuidado -le dije, pues seguía sin gustarme la idea de involucrarla-. En realidad no sabemos de qué va todo esto.

- No necesito que me digas como tengo que hacer las cosas. Se cuidarme sola- respondió algo tajante.

- Ya lo sé, solo digo… bueno, déjalo -no tenía ganas de discutir más. Llevábamos desde las diez algo tensos y la dificultad de la situación empeoraba las cosas.

- Si, mejor que lo dejes. Tú no tienes que darme lecciones de nada.

- Patricia -exploté- no intento darte lecciones de nada -le contesté repitiendo sus palabras-. Me preocupa no tener nada de todo esto bajo control. No sé donde está mi hermana. Tengo a un chico amnésico al que apenas conozco durmiendo en la otra habitación. Encima se viene conmigo a París y no se encuentra bien. He venido a buscar tu ayuda, no a discutir. Y lo único que te pido es un poco de colaboración. Deja tu resentimiento de lado y ya arreglaremos cuentas en otro momento más adecuado.

- No hay nada que arreglar, ni ahora ni nunca Samuel. Y te estoy prestando toda la ayuda que puedo en estos momentos.

- Pat…

- No me llames más así. Soy Patricia…

No la dejé terminar de hablar. Me estaba sacando de quicio y a la vez me estaba volviendo loco. Solo se me ocurría una forma de hacerla callar y, a sabiendas de que me estaba ganando otra buena torta y quien sabe que más, la cogí por la cintura y la besé.

Lejos de apartarse y abofetearme, noté como empleaba su furia en abrazarme con una fuerza desmesurada y en devorarme la boca con una tremenda ansiedad. Sin saber muy bien cómo, fuimos a parar al diván que decoraba mi despacho y me servía para meditar. La ropa se fue escampando por el suelo a golpes de pasión y el sudor de nuestros cuerpos hidrató el cuero negro de nuestro improvisado lecho. Abrazos, besos, mordiscos, arañazos y un estallido final que se llevó los resentimientos y las preocupaciones, agraciándonos con la paz y el sosiego que suceden al esfuerzo. Aunque los dos sabíamos que aquello era un error, había sido estupendo, y sin duda merecía la pena. Permanecimos abrazados unos minutos antes de volver a la realidad.

- Sigo estando muy enfada contigo, que lo sepas -dijo ella en un intento de recuperar su seriedad.

- Ya -la vacilé-, pero te ha gustado- dije mientras la acariciaba.

No podía evitar sonreir. Justo en ese momento llamaron a la puerta del despacho. Por lo visto Enol ya se había despertado.

- ¿Samuel? ¿Patricia? ¿Se puede?

- ¡Un momento! -gritamos al unísono mientras nos levantábamos de un salto y recogíamos nuestras prendas de ropa esparcidas por todo.

Nos vestimos tan rápido como pudimos entre tropiezos, risas ahogadas y algún que otro empujón. Cuando consideré que estábamos presentables Patricia se sentó de nuevo en mi butaca y abrí la puerta. Enol entró despacio y nos miró algo abochornado.

- ¿Ya te encuentras mejor? -le pregunté para romper el silencio que se había hecho.

- Si, si. Creo que ya se me ha pasado- contestó mientras se acercaba también al escritorio.

Caminaba despacio y pensativo, como queriendo decir algo que no le salía. Se sentó, se miró las manos y finalmente preguntó.

- ¿Quien es Alejo?