- Tiene que ver con Sara – empezó diciendo Samuel, – está metida en algún lío por culpa de su actual encargo.
- Si, claro, como tantas veces – respondió resoplando el tal Jacques.
Un tipo realmente curioso que parecía no perder detalle de absolutamente nada de lo que pasara a su alrededor, de hecho pude ver como me controlaba de reojo, supongo que pensando que hacía yo allí, más o menos lo mismo que estaba pensando yo. Me pareció de la misma edad de Samuel, pero su incipiente calvicie le hacia parecer algo mayor, aunque tratase de disimularlo con ese aspecto de bohemio (el pelo algo revuelto, unas gafitas estrechas y una ropa algo estrafalaria).
- Pero es curioso que vengas hoy precisamente a hablarme de ella – esto casi nos hizo saltar de la silla a Samuel y a mi
- ¿Precisamente hoy?
- Si, esta mañana ha venido un tipo diciendo que era un antiguo amigo de ella, de su epoca de estudiante en Oviedo, y que alguien le habia dicho que yo podia tener alguna idea de donde encontrarla
- ¿Que aspecto tenia?
- Pues era joven, alrededor de treinta, algo desaliñado como la mayoría de artistas,
- ¿Y te fijaste si tenía alguna marca en particular?
- Tenía un extraño tatuajeu, escarificación más bien, en el lado izquierdo del cuello, una especie de corazón con dos círculos debajo, ¿te recuerda a alguien? – esto lo dijo con toda la intención porque vió que Samuel lo había reconocido
- Si, me topé con él en Oviedo, es uno de los que van detrás de Sara, no creo que sea amigo suyo en absoluto, espero que no le dijeras nada
- ¡Por quien me tomas! – como ofendido -, le dije que no sabía de quien me hablaba y me deshice de él lo más cortesmente que supe para no levantar ninguna sospecha o que pensara que le estaba mintiendo, de hecho me vino muy bien que en ese momento tenía unos clientes, fue la excusa perfecta.
- Estupendo, pero… – hizo una pequeña pausa y se acercó a la mesa – si que sabes algo, ¿verdad?
- Va camino de Saint Michelle, - uf! me alegré un montón al oir que Sara estaba bien – vino ayer por la tarde a verme para decirmelo y avisarme que tal vez vendrías poco después a buscarla, incluso me avisó que vendría el otro
- Vaya, parece que lo tiene todo controlado – no pude evitar añadirlo colándome así de repente en la conversación
Se hizo una pausa en que los dos me miraron, como dándose cuenta de repente que yo estaba allí.
- De quien no me habló es de tí – esto me lo dijo directamente a mi, con una mirada inquisidora que mostraba una desconfianza absoluta.
- Bueno, vengo del convento de Valdedios, fuimos nosotros los que encargamos a Sara que nos buscase el espejo hace poco, - noté como de repente Samuel se interesaba mucho por la historia
- A ver, creo que me tienes que poner al día de eso – así que Samuel de verdad no sabía nada sobre el encargo y sólo buscaba a Sara, eso me tranquilizó
- Ella nos visitaba a menudo para sus investigaciones, decía que nuestra biblioteca es muy buena y de hecho estamos muy orgullosos de ella, la última vez coincidió que el día antes había desaparecido el espejo que custodiamos desde hace siglos. Es una reliquia muy valiosa para la orden que vive en el convento. – ambos me escuchaban con mucho interés, creo que era la primera vez que me pasaba desde que salimos del convento – Hace ya unos años que teníamos constancia de un grupo de gente interesados en el espejo, decían ser sus auténticos propietarios, de hecho alguna vez escribieron cartas a los monjes diciéndolo abiertamente. Yo no estaba aún con ellos, pero he visto esas cartas, y firmaban con un logotipo parecido al tatuaje que habeis comentado.
- De hecho ese tatuaje me recordó a algo – dijo de repente Jacques – así que lo busqué, no es mucho pero tal vez os sirva, parece estar relacionado con una orden religiosa bastante poco dada a darse a conocer llamada los Cáritas Custodium, los custodios del espejo.
- Tiene sentido, – respondí tras un instante de hacer memoria – firmaban la carta como C.C.
- Bueno, pues ahora al menos sabemos quien nos viene detrás, eso nos puede dar alguna ventaja – añadió Samuel.
- Lo extraño es que nosotros creíamos que era Sara la que iba detrás de ellos para recuperar el espejo, pero parece que es al revés,
- Hijo, - otra vez el tono paternal, ya tardaba! – si los Cáritas esos van detrás de Sara, puedes estar seguro que ellos no lo tienen, es muy posible que Sara ya lo tenga en su poder, es increiblemente eficaz cuando quiere, pero me temo que esta vez le va a venir un poco grande todo esto
- Entonces le vendrá bien nuestra ayuda – repliqué, – ¿cuando salimos hacia Saint Michelle?
Me miraron los dos con cara de asombro, no sé muy bien porqué, y tras varios segundos se miraron entre ellos y se echaron a reir y entonces fui yo el que no entendía nada.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Lo tuyo con mi hermana no es sólo por el espejo, ¿verdad?
- Bueno, es una amiga y me preocupa que pueda estar metida en un lio peligroso, ya que en parte sería culpa nuestra porque fuimos los que le encargamos que recuperase el espejo.
- Sí, claro, lo que tú digas – acompañó la frase de un guiño a su amigo el galerista que también tenía una expresión socarrona en la cara.
No pensaba que se me notara tanto, pero si era cierto que sentía algo por ella. Tantas tardes que habíamos pasado juntos en la biblioteca del monasterio, hablando apasionadamente de arte y libros antiguos. Yo disfrutaba escuchándola emocionada al hablar de algunos cuadros o de los objetos que había recuperado en sus trabajos. Lo mejor eran las historias de sus viajes, había estado en medio mundo, y eso para alguien como yo, sin pasado conocido, y viviendo en un pequeño convento asturiano apartado de la sociedad, eran historias alucinantes.
Alguna vez habíamos hecho excursiones por los bosques cercanos al monasterio, paseos que le traian muchos recuerdos de su época de estudiante en Oviedo. Esas meriendas en el bosque son de los pocos recuerdos que tengo fuera de mi convivencia con los monjes entre aquellos muros. Recuerdos positivos, digo, porque de los malos casi cada noche tenía aquellas horribles pesadillas y que le contaba a Sara, ella me escuchaba atentamente sabiendo lo mucho que me ayudaba a mi el contárselo a alguien.
Supongo que es normal que yo sintiera algo por ella, y la verdad es que me sentía correspondido. Y supongo que es normal que se me notara, mi falta de experiencia hacía que fuera transparente. Incluso los monjes me adivinaban siempre las intenciones y los pensamientos, había llegado a acostumbrarme a eso, pero esta vez venía acompañado de unos pequeños sarcasmos a los que no sabía como responder.
- De momento, – la voz de Samuel me sacó de mis pensamientos y me hizo centrarme de nuevo en la realidad – iremos a Saint Michelle, a ver si con suerte encontramos allí a Sara .
- Nosotros en el monasterio teníamos contacto con ellos – por fin podía aportar algo al viaje – , podemos avisar antes de ir hasta allí.
- Me parece una gran idea – ¡vaya! Samuel aprobando mi iniciativa, ¡esto es nuevo! – y mientras, porque no me cuentas más cosas sobre ese espejo – de repente también Jacques se mostró interesado en la conversación – y que tiene que lo haga tan especial para que haya tanta gente detrás suyo.
Temía el momento en que esto llegara, y no sabía muy bien que hacer. ¿Les contaba la verdad o me inventaba alguna historia para proteger el poder del espejo? En cualquier caso, la decisión era únicamente mia como nuevo custodio.


Los últimos comentarios